domingo 9 de marzo de 2008

Mi despido

Por si no fueran pocas las cosas que me han ocurrido en los últimos días, el lunes supe que la Dirección de la Empresa está valorando despedirme por mis diferencias con mi jefa.
Esta información se me ha transmitido de forma confidencial por una persona de mi confianza. Por eso, estoy actuando como si nada. Es más, incluso me esfuerzo en hacer las cosas incluso mejor.
Las personas con quienes he hablado no lo entienden pero los motivos para hacerlo son varios.
El primero y más importante es que lo coherente está en actuar conforme a uno mismo, no conforme a los demás. No me gustaría verme fastidiando, actuando como una resentida, etc. No me gustaría verme a mi misma así, si bien tendría todo el derecho a hacerlo. Pero prefiero actuar como una persona que encaja los golpes y pierde con elegancia.
El segundo de ellos es que aún falta para que se ejecute puesto que es necesario un plan de sustitución. No podría pasarme mal tantas semanas. El tiempo da perspectiva.
El tercero es que le debo confianza a la persona que me lo ha comentado, la cual sabía cosas y argumentos que si no fueran porque han sido comentados por la Dirección, no lo sabría. Así que tomo como cierta su palabra y tomo como real la confianza que ha depositado en mí. Y en consecuencia a esta confianza respondo.
En cuarto lugar saberse despedido (o valorado como despedido que sería lo más correcto) te da una nueva perspectiva de las personas con las que trabajas. Por ejemplo, uno de los jefes que ha decidido despedirme me ha solicitado una información que me ha exigido trabajar el fin de semana. Obviamente se lo haré pero tiene poca honradez exigir esfuerzos no gratificados a quien piensas despedir. O yo lo veo así. En estos días estoy descubriendo cosas de los jefes que van de buenos, honrados y hablan de valores de compañía (entre los nuestros están la confianza, el entisiasmo, el trabajo en equipo, etc) y que no cosiguen analizarse a sí mismos.
La quinta es que ya lo intuía y llevo tiempo preparándome psicológicamente para tender puentes de plata. Es una prendizaje personal. Normalmente me ha costado mucho hacer como que te llevas bien cuando no te levas bien. Especialmente porque me cuesta olvidar, perdonar y como no activo mi sentimiento de perdón, no actúo en consecuencia. Pero este tiempo de aprendizaje me ha permitido entender que no todo el mundo es capaz de solucionar problemas constructivamente, ni acepta la autocrítica. Por tanto, no importa cuánta razón tengas tú sino que un velo en los ojos les impide ver tus razones. Es muy fuerte decir que son ignorantes o incapaces pero mi reflexión ha ido en este sentido.
Así que veré esta información como una oportunidad de conocer a los demás y de aprender algo que en la vida me será muy útil: tender puentes de plata.
No esconderé que me deprimí un poco y me sentí defraudada. Pero tenemos algo de culpa en la decepción que sentimos puesto que la expectativa sobre las cosas y sobre los demás la generamos nosotros. Disminuyendo la expectativa se evita la decepción.